domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Para una historia moralizante?

El titulo se explica a sí mismo, y bien podría concluir con esa sola pregunta, siendo una reflexión valida en sí misma, mas ese no es el asunto. Esta interrogante, como lo es con cualquier otra que se jacte de tener validez reflexiva abre el camino hacia otras preguntas también. ¿Esto implica un simple retorno a una historia maestra de vida? ¿Mera retorica que tarde o temprano terminaría con un irónico desenlace en demagogia barata a servicio de instituciones más poderosas que sí mismas? ¿Implicaría también dejar por completo toda pretensión de verdad así como la han concebido nuestros antepasados modernos? ó ¿sería tan solo una síntesis de estilos a la Hegel?

Ejemplifiquemos: Tenemos un hecho histórico, La detonación de la bomba atómica en Hiroshima, el consecuente debate que se llevo a cabo en la administración norteamericana sobre la posible justificación de su uso y su validez diplomática (en este caso el hecho nos presenta otro problema más que no nos concierne por ahora - su cercanía temporal). Las implicaciones morales en este caso son claras, ya que dicho acontecimiento inauguro el inicio de la era atómica; el momento en el que, como colectividad humana, caímos en cuenta de nuestra terrible y grandiosa capacidad de destruirnos a nosotros mismos y a nuestro mundo.

A mi parecer, es entonces el momento en el que el historiador (al tratar este tema) debe armarse de valor y moralizar. ¿Pero como seria justificable llevar a cabo tal empresa sin caer en lo ya antes mencionado?
Alguna vez mientras tomaba clases de Teoría II la profesora nos hablo de como Ricouer defendía éticamente su postura narrativista, en el sentido de no querer caer en la construcción de una trama tan verosímil que pueda olvidar el hecho y parecer creíble. Nos decía: hay que respetar a nuestros muertos.
Es nuestra labor erigir monumentos al coraje de nuestros antepasados, de componer tiernos epitafios a su memoria.
En este sentido propongo a un historiador que sea más que un sacerdote, más que un simple aeda: un hombre de su época, comprometido con su época.

Así respondo al porque de la necesidad de una historia moralizante, el cómo se me escapa, y esa es la inevitable pregunta que quedara al aire, con esperanzas de que incite, aunque sea por breves momentos, a la reflexión.


- Jorge Fabian Orozco Villarreal

El cine y la Televisión, Una mina de oro sin explotar.

Uno de los dolores de cabeza más grandes para todos los que decidimos estudiar historia es la repetida pregunta ¿de que vas a vivir? Pensando que el campo del historiador no va mas allá que la investigación y escritura de libros o bien la docencia.

Pero, recientemente, con el creciente mercado del entretenimiento, un nuevo campo se ha ido expandiendo, el cual los historiadores no hemos aprovechado, la difusión, en medios como televisión, cine, teatro entre otros.

Si alguien duda que este no sea un campo rentable económicamente hablando, cabe echar un vistazo a las grandes películas del cine y sus rendimientos, tomemos ejemplos de películas como El gladiador (2000) que tan sólo en Estados Unidos recaudó $187, 705, 427 dólares y en el resto del mundo $269, 935, 000 dólares dejando un gran total de recaudación de $ 457, 640, 427 dólares.





Otro ejemplo más reciente tenemos Piratas del Caribe, la trilogía, la cual genero $654, 264,015 dólares con la primera y más de dos billones de dólares entre las tres mundialmente.





Como estas tenemos muchas más, como son La Duquesa ($ 43, 300,095 dolares)








10,000 a.C ($269, 784,201 dolares)





El Ultimo Samurai ($ 456, 758, 981dolares).


Más allá del rendimiento económico de estas películas debemos tomar en cuenta el publico que tienen, es decir se da una difusión a las grandes masas, lo que muchas veces, si no es que la mayoría, los libros de historia no lo hacen,

Por otro lado tenemos las series de televisión que de igual manera han captado la atención de millones de espectadores, con títulos como Roma, o Los Tudores, han llegado a más de 1.3 millones espectadores, según el Nielsen Rating Systems.

Ahora bien muchos pudieran pensar que algunas de las películas que mencione, y tal vez igualmente las series de televisión, no se puedan considerar históricas, ya que se desvían hacia la fantasía haciendo la película en su mayoría poco creíble, pero precisamente, con el esfuerzo y colaboración de un historiador respaldado por la institución, estas podrían ser mucho mejores, en cuanto a trama como contenido.

Dicho lo anterior les pregunto ¿Qué es mejor, no saber nada, o tener una idea fantasiosa de los hechos históricos? Acaso ¿no es mejor llegar a las grandes masas con una idea (película o serie) histórica atrayente, aunque no sea en todos sus aspectos cien por ciento “real”, a no aprovechar estos medios de difusión que en la actualidad podríamos explotar?

sábado, 26 de septiembre de 2009

Reflexión en torno a la oralidad y texto de historia

La oralidad es anterior a la escritura, la cual es un fijador posterior del habla. En el intercambio de palabras propio del habla no sólo los hablantes están presentes, también están la situación, el ambiente y el medio circunstancial del discurso. La referencia a la realidad puede ser mostrada alrededor de los hablantes, en el habla viva el sentido de lo real de lo que se dice se desplaza hacia la referencia real.

Cuando el texto escrito sustituye al habla no sucede lo mismo, la referencia con la realidad no es directa, está mediada por la escritura. Con un texto de historia la referencia directa a la realidad no existe, está interrumpida por la escritura. De la misma forma, es posible decir, que la verdad que presenta un texto de historia está mediada por la escritura. Los textos escritos sustituyen a la realidad circunstancial mostrada por el habla viva.

La idea de verdad histórica que propone un texto de historia está representada por la escritura, la cual, nos remite necesariamente a la lectura ¿Qué tipo de referencia presentan los textos escritos? La tarea de la lectura en el historiador lleva implícita la interpretación, consiste precisamente en buscar su referencia. Pues un texto de historia, está fuera de su mundo de expresión oral vivida, de su referencia de verdad y realidad original, pues es elaborado posterior a ésta.

El texto de historia sustituye a la realidad pasada del habla viva, no representa el mundo vivo al que alude, sino un cuasimundo de los textos o literatura. No obstante, la verdad en una civilización de la escritura puede tomarse tan completa y tan seria, pero no hay que olvidar la reflexión previa a la verdad oral-viva. Por la producción de un texto escrito de historia podemos hablar en el presente del mundo antiguo romano o griego. Sin embargo, presignificados por la escritura, ¿Crees que los textos históricos puedan tener algo de imaginario literario? ¿No crees que la inestabilidad de lo real es evidente en los textos de historia? ¿Se podrían decir que los textos de historia tienen apariencia de verdad, esto es, verosimilitud?
Lemuel Reyes Santos

domingo, 13 de septiembre de 2009

¿ A caso se puede encontrar alguna relevancia en la novela histórica?

A continuación presentaré una pequeña reflexión sobre la importancia de las novelas históricas ante la Historia a partir del texto de Gallo Fernández Covadonga y Carlos Mendiola "De veras o de novela" en donde ambos autores  marcan las distinciones entre la novela histórica e historiografía.

Me parece importante mencionar que en los últimos años, las personas se han dedicado a leer novelas históricas depositando su confianza en estas para saber datos curiosos sobre la Historia, y peor aun, muchas personas creen que al leer éstas saben lo que en “realidad” ha sucedido.  En primer lugar,  la novela histórica no pretende verosimilitud sino una creación ficticia a partir de algún suceso histórico o una época con el simple objetivo estilístico y  de aportar conocimiento literario, no por esto significa que no haya una verosimilitud en el texto; sin embargo ésta reside en lo ficticio, simplemente hace creíble el relato.

Cómo historiadores actuales ¿Cuál es la relevancia que le podemos otorgar a ese "montón" de relatos ficticios? a pesar de todo lo que he dicho anteriormente, la novela histórica me parece que si tiene una utilidad historiográfica. La novela histórica se concentra en lo que es relevante para la sociedad, y es así cómo los historiadores podemos encontrar lo trascendente para un contexto ya que intenta reflejar la vida cotidiana, en su texto, a partir de su propia vida cotidiana.

Ahora bien, por otra parte la novela histórica nos puede resultar cómo ayuda para entender la importancia de la narrativa en la Historia y la importancia de cómo es que los historiadores hacemos y acomodamos un relato para que sea comprensible.  Es de suma importancia que el historiador aprenda a narrar para así crear una comprensión de lo que se está tratando.

Finalmente  puedo decir que la importancia de la novela histórica dentro de la historiografía es casi nula en cuanto a conocimiento y fuente, pero, la novela histórica puede brindarnos un ejemplo de narración que los historiadores podemos utilizar sin dejar atrás nuestra argumentación. 


Bibliografía: GALLO FERNÁNDEZ Covadonga Y MENDIOLA Carlos. “ De veras o de novela. Un ensayo en la distinción novela histórica e historiografía” ,en  Historia y Grafía, México, UIA, núm. 15, 2000, pp. 97- 117 


Mariana Hernández Blanca

¿Qué es la Historia?

Buscando diferentes sitios de Internet referentes a debates, cuestionamientos, artículos, etc. sobre temas de Historia relevantes para la actualidad; me topé con el sitio Historia a Debate (www.h-debate.com), en el cual se exponen diferentes discusiones acerca de muchos temas, los cuales son realizados por académicos y estudiantes de Historia alrededor del mundo, más centrado en lugares de habla hispana. Al ir navegando por el sitio, investigando, leyendo; me llamó la atención un debate titulado ¿Qué es la Historia?

El debate construido por diferentes personas, se centra en las diferentes concepciones que se tienen acerca de lo que es la Historia. El primer comentario parte desde la definición de la obra de Edward Hallet Carr y de Collingwood, lo cual es lo que quiero rescatar para la reflexión de nuestra clase.
Me parece que la idea de que "toda Historia es Historia del pensamiento" es un recurso estupendo: como el historiador no puede conocer las realidades pasadas, que ya no existen, sólo puede acercarse por medio del pensamiento. El proceso de la cognición implica unos mecanismos que le sirven a Carr para afirmar que "toda Historia es contemporánea" y que "no existe Historia sin historiador". Pienso que se debe interpretar asi la propuesta de la comprensión histórica de Collingwood como una "re-enactement of past experience" (En su Idea de Historia). Por esto Collingwood define la Historia como "aquello que puede ser revivido en la mente del historiador" y revivir debee entenderse en el sentido de mediatizado.*

A partir de la cita anterior me ha llevado a pensar lo significativo que es nuestro papel como investigadores para la disciplina misma, ya que si nosotros como historiadores no planteamos tanto la forma de hacer historia cómo los temas a investigar, siguiendo la línea de Carr, la Historia no existiría. Lo cual me lleva a pensar que en un futuro cuando comencemos a ejercer tenemos que tener presente esta idea para así autorreflexionar sobre nuestro trabajo y encontrar lo significativo de éste.

Por otra parte se me hace relevante rescatar también lo dicho por Collingwood en cuestión de que tenemos que tener presente que, cuando estemos inmersos en una investigación o un trabajo histórico, la forma en que “traemos” al pasado al presente es por medio del pensamiento y se encuentra éste en nuestra mente, como dice Collingwood, y así mismo tener presentes el comentario que hace la autora del escrito en cuanto a lo mediatizado ya que tenemos que reconocer que no podemos conocer el pasado tal cual fue ; sino a partir de reconocerlo como una diferencia del presente y que al estar nosotros inscritos en el presente la única forma que podemos entenderlo es a partir de esa diferencia, esa mediatización. Sin embargo retomando la reflexión hecha por Sofía tenemos que tener cuidado en cuanto a no querer colonizar el pasado con lo conocido y cometer anacronismos.

Así que concluyendo puedo decir que para la creación de la Historia como disciplina lo fundamental es el historiador, él es quien da la importancia a lo sucedido y la da en cuanto a las necesidades de su presente, así poniendo un límite entre su presente y el pasado y es esto algunas de las cuestiones que tenemos que tener en mente cuando estemos construyendo nuestra investigación.

*Ana Llorach Asunción, “¿Qué es la Historia?”, consultado en www.h-debate.com, 13/09/09 2:39 p.m.

Jaqueline Gesund Kattán

domingo, 6 de septiembre de 2009

¿Globalizazión en el Imperio Romano?

Sofia Rivero-Borrell Suárez

Mientras estaba visitando a mi abuela, como suelo hacerlo todos los fines de semana, se me ocurrió hojear la colección de revistas National Geographic que mis abuelos han acumulado durante muchos años (creo que la edición más vieja era del 80 o algo así). Esto lo hice acordándome de una lectura que nuestra profesora de la materia de “Mesoamérica” nos dejó para la semana que viene, que trata acerca de los Olmecas. Al darnos la asignatura, nos recomendó buscar el artículo original porque las fotografías explicaban muchas cosas del artículo. Así me puse a buscar la edición de la revista National Geographic de noviembre de 1993 y, por mera curiosidad, saqué junto con ella otras ediciones que me parecieron interesantes. Tales ediciones fueron la de octubre de 2001, que contenía un artículo acerca de las tumbas imperiales en China, la de diciembre de 2000 que contenía un artículo acerca de los primeros americanos, y la última (la que leí) de julio de 1997, donde había un artículo acerca del imperio romano, el cual comencé a leer mientras los mayores disfrutaban de la sobremesa. Las cuatro revistas se las pedí prestadas a mi abuela para leerlas con más calma.

Al leer el artículo titulado “The Power and the Glory of the Roman Empire” escrito por T. R. Reid, me encontré con un párrafo que me pareció interesante. A continuación se encuentran dos versiones de éste, mi traducción del texto y el texto original en inglés.

“Por algunas décadas ahora los líderes de Europa han estado luchado por implementar un concepto revolucionario y muy controvertido: una única moneda europea.  Han caído gobiernos, han volado puños y  se han intercambiado amargas maldiciones en una variedad de lenguas romances y germánicas por esta idea visionaria. Tan explosivas son las políticas del propuesto Euro que algunos dicen que una nación de una acuñación para tantas gentes diferentes es un sueño imposible.

[…]

¿O lo es? Hubo un tiempo—medido no en décadas sino en siglos—cuando una sola moneda, un solo código de leyes […] dominó sobre una vasta franja del mundo Occidental […] Esto fue en imperio romano[…].”  (Traducción de la autora)

“For a couple of decades now the leaders of Europe have been struggling to implement a revolutionary and furiously controversial concept: a single European currency. Governments have fallen, fists have flown, and bitter curses have been exchanged in variety of Romance and Germanic languages over this visionary idea. So explosive are the politics of the proposed Euro that some say the nation of a single coinage for so many different peoples is an impossible dream.

[…]

Or is it? For there was a time—measured not in decades but in centuries—when a single currency, a single code of laws, […] held sway over a vast swath of the Western world […] This was the Roman Empire […].”***

Con esto, podría pensarse entonces que el autor ve el fenómeno de la globalización no como un fenómeno relativamente novedoso o actual, sino como un fenómeno muy antiguo que se dio hace ya muchos siglos, en el imperio romano.  Siguiendo al autor, me pareció interesante ver que, efectivamente hay una gran similitud entre la actual Unión Europea y el antiguo Imperio Romano y que este último podría considerarse mucho mayor en extensión que la primera.

Sin embargo, como historiadora, yo no aplicaría en término “globalización” a lo sucedido en los 85 kilómetros que llegaron a ser parte del inmenso imperio romano de siglos anteriores. Esto es por la carga que conlleva el término “globalización” en nuestros días. Dicho término se define, en el Diccionario de la Real Academia Española, como una “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. Dentro de esta definición se observan términos como “mercados”, “empresas” y “dimensión mundial” que no podrían ser válidos en el imperio romano, sobre todo porque estos conceptos no tienen la misma significación ahora que entonces. La “dimensión mundial” que ahora tenemos es muy distinta a la de los habitantes del antiguo imperio romano, cuyo “mundo” consistía en las tierras, hasta entonces conocidas, de Europa, Asia y el Norte de África. Nuestro “mundo”, en cambio, incluye cinco continentes (América, Europa, Asia, Oceanía y Antártica), así como océanos más extensos que el Mar Mediterráneo, alrededor del cual se desarrollaron las culturas conocidas en tiempos de la Pax Romana.

De esta manera, yo concluiría que la globalización no existe en el Imperio Romano, poniéndome en contra de lo que dice T. R. Reid en su artículo.

Y tú, ¿piensas que la globalización es válida en el imperio romano?   

Notas:

*** T. R. Reid, “The Power and the Glory of the Roman Empire” en National Geographic, Washington D. C., vol. 192, julio de 1997, No. 1, p. 5.

Bibliografía:

Reid, T. R. “The Power and the Glory of the Roman Empire” en National Geographic, Washington D. C., vol. 192, Julio de 1997, no. 1, pp. 5-41.

Diccionario de la Real Academia Española.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Qumrán: Los Manuscritos del Mar Muerto

María José Velasco García

De acuerdo al articulo “Qumrán: Los manuscritos del mar muerto” publicado por la revista Historia de la National Geographic, el autor Antonio Piñero, Catedrático de Filología griega de la Universidad Complutense de Madrid, nos plantea la hipótesis de la posibilidad de que Jesús haya pertenecido a los Esenios, antigua secta judía que data del siglo IV a.C. al siglo I de nuestra era.

Nos encontramos ante una secta mejor conocida por su absoluto y apegado respeto a la ley de Moisés y por el cumplimiento estricto de dichas prescripciones, tenían su propia liturgia apartada del judaísmo ortodoxo del Templo de Jerusalén, la cual los preparaba para el inminente fin del mundo, y fue precisamente por sus firmes creencias apocalípticas por lo que se caracterizaron, entre otras cosas también como el sentirse el verdadero Israel pueblo elegido por Dios, los únicos auténticamente puros entre los judíos, herederos directos de la estirpe del Rey David, y una profunda superioridad en donde los demás pueblos comparsas serian sometidos por ellos.

La relevancia de este tema se debe a la disyuntiva en la que se han visto los historiadores al encontrarse en el año de 1947 unos manuscritos en el mar muerto que podrían señalar a esta secta como el posible antecedente del origen del cristianismo, e incluso especular que importantes personajes de la religión como Jesús y Juan Bautista hayan pertenecido a ellos.

Tras la aparición y las primeras publicaciones de los manuscritos del mar muerto, los investigadores señalaron semejanzas entre la predicación de Juan Bautista y el pensamiento de los Esenios, tales como la practica del bautismo, la predicación de un fin inmediato de la sociedad de su tiempo seguido por un juicio divino posterior. Esto lo podemos observar en que ambos utilizaban un pasaje del libro de Isaías para justificar la venida inmediata del Juicio Divino.

Existen múltiples puntos dentro de las predicaciones de Jesús para pensar que, este formó parte de los Esenios, por ejemplo, un absoluto respeto por la ley mosaica, por el desprecio que sentía ante lo ostentoso por ser esto un obstáculo para alcanzar el Reino de Dios, la certeza de la reencarnación, por su firme creencia en el fin de los tiempo y el Juicio Final y por su enseñanza en los dos caminos presentes en la vida del hombre, el del Bien y el Mal.

Sin embargo, de acuerdo al autor, estas semejanzas no son suficientes para probar una parentesco entre ambos personajes y esta comunidad, en primer lugar, a pesar de que se habla del bautismo, se trata de uno totalmente diferente, mientras que en los manuscritos se habla de un rito en donde la persona se bautizaba por sí mismo y era además un acto continuo, para Juan este era una acto único y realizado por otra persona y no guardaban el mismo significado. Además Juan Bautista buscaba precisamente el contacto con los pecadores para convertirlos, algo prohibido para los Esenios, Jesús por su parte apoyaba también esta idea de un Dios no solo para los buenos sino para los malos también.

Además de que, según el autor, al consultar el Nuevo Testamento no obtuvo ninguna prueba de un conocimiento concreto sobre las reglas de esta comunidad, ni ningún otro tipo de literatura producida por los Esenios, de los cuales Juan Bautista o Jesús el Nazareno se hayan podido ver influenciados ya que se trata meramente de conceptos de una tradición profética de Israel.

Estas múltiples diferencia teológicas son sustanciales para concluir que en definitiva ni Jesús ni Juan Bautista formaron ni se influenciaron de ésta secta, a pesar de ser contemporáneos y compartir semejanzas, el cristianismo tomó un camino diferente con respecto a lo hallado a los manuscritos del mar muerto.

Para finalizar me pareció interesante la aportación de este artículo, por el exhaustivo trabajo de investigación por parte del autor, en donde destaca el uso recurrente a textos bíblicos, como pasajes y datos importantes sobre la vida cotidiana de ambos personajes, así como de textos y manuscritos para el conocimiento de comunidades contemporáneas a los mismos.


Bibliografía:
Piñero, Antonio. “Qumrán, Los manuscritos del mar muerto”, Historia National
Geographic (Barcelona), febrero de 2009, núm. 60, pp. 48-57.