Sofia Rivero-Borrell Suárez
Mientras estaba visitando a mi abuela, como suelo hacerlo todos los fines de semana, se me ocurrió hojear la colección de revistas National Geographic que mis abuelos han acumulado durante muchos años (creo que la edición más vieja era del 80 o algo así). Esto lo hice acordándome de una lectura que nuestra profesora de la materia de “Mesoamérica” nos dejó para la semana que viene, que trata acerca de los Olmecas. Al darnos la asignatura, nos recomendó buscar el artículo original porque las fotografías explicaban muchas cosas del artículo. Así me puse a buscar la edición de la revista National Geographic de noviembre de 1993 y, por mera curiosidad, saqué junto con ella otras ediciones que me parecieron interesantes. Tales ediciones fueron la de octubre de 2001, que contenía un artículo acerca de las tumbas imperiales en China, la de diciembre de 2000 que contenía un artículo acerca de los primeros americanos, y la última (la que leí) de julio de 1997, donde había un artículo acerca del imperio romano, el cual comencé a leer mientras los mayores disfrutaban de la sobremesa. Las cuatro revistas se las pedí prestadas a mi abuela para leerlas con más calma.
Al leer el artículo titulado “The Power and the Glory of the Roman Empire” escrito por T. R. Reid, me encontré con un párrafo que me pareció interesante. A continuación se encuentran dos versiones de éste, mi traducción del texto y el texto original en inglés.
“Por algunas décadas ahora los líderes de Europa han estado luchado por implementar un concepto revolucionario y muy controvertido: una única moneda europea. Han caído gobiernos, han volado puños y se han intercambiado amargas maldiciones en una variedad de lenguas romances y germánicas por esta idea visionaria. Tan explosivas son las políticas del propuesto Euro que algunos dicen que una nación de una acuñación para tantas gentes diferentes es un sueño imposible.
[…]
¿O lo es? Hubo un tiempo—medido no en décadas sino en siglos—cuando una sola moneda, un solo código de leyes […] dominó sobre una vasta franja del mundo Occidental […] Esto fue en imperio romano[…].” (Traducción de la autora)
“For a couple of decades now the leaders of Europe have been struggling to implement a revolutionary and furiously controversial concept: a single European currency. Governments have fallen, fists have flown, and bitter curses have been exchanged in variety of Romance and Germanic languages over this visionary idea. So explosive are the politics of the proposed Euro that some say the nation of a single coinage for so many different peoples is an impossible dream.
[…]
Or is it? For there was a time—measured not in decades but in centuries—when a single currency, a single code of laws, […] held sway over a vast swath of the Western world […] This was the Roman Empire […].”***
Con esto, podría pensarse entonces que el autor ve el fenómeno de la globalización no como un fenómeno relativamente novedoso o actual, sino como un fenómeno muy antiguo que se dio hace ya muchos siglos, en el imperio romano. Siguiendo al autor, me pareció interesante ver que, efectivamente hay una gran similitud entre la actual Unión Europea y el antiguo Imperio Romano y que este último podría considerarse mucho mayor en extensión que la primera.
Sin embargo, como historiadora, yo no aplicaría en término “globalización” a lo sucedido en los 85 kilómetros que llegaron a ser parte del inmenso imperio romano de siglos anteriores. Esto es por la carga que conlleva el término “globalización” en nuestros días. Dicho término se define, en el Diccionario de la Real Academia Española, como una “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. Dentro de esta definición se observan términos como “mercados”, “empresas” y “dimensión mundial” que no podrían ser válidos en el imperio romano, sobre todo porque estos conceptos no tienen la misma significación ahora que entonces. La “dimensión mundial” que ahora tenemos es muy distinta a la de los habitantes del antiguo imperio romano, cuyo “mundo” consistía en las tierras, hasta entonces conocidas, de Europa, Asia y el Norte de África. Nuestro “mundo”, en cambio, incluye cinco continentes (América, Europa, Asia, Oceanía y Antártica), así como océanos más extensos que el Mar Mediterráneo, alrededor del cual se desarrollaron las culturas conocidas en tiempos de la Pax Romana.
De esta manera, yo concluiría que la globalización no existe en el Imperio Romano, poniéndome en contra de lo que dice T. R. Reid en su artículo.
Y tú, ¿piensas que la globalización es válida en el imperio romano?
Notas:
*** T. R. Reid, “The Power and the Glory of the Roman Empire” en National Geographic, Washington D. C., vol. 192, julio de 1997, No. 1, p. 5.
Bibliografía:
Reid, T. R. “The Power and the Glory of the Roman Empire” en National Geographic, Washington D. C., vol. 192, Julio de 1997, no. 1, pp. 5-41.
Diccionario de la Real Academia Española.