lunes, 12 de octubre de 2009

la imagen, una opción olvidada.

Esta reflexión no se trata sobre la condición de posibilidad ni la pertinencia de la historia como discurso formador de conciencia ni nada tan teórico ni tan profundo, sino que se trata sobre un campo de trabajo que ha existido desde la invención del kinetoscopio, la imagen como documento y su uso, las imágenes proyectadas sobre superficies ajenas a papeles y tinta. En este sentido me gustaría recordar un evento que sucedió la fecha de 15 de septiembre y los tres días posteriores, me refiero a la proyección de imágenes sobre la arquitectura y la estampa del palacio nacional. Es ahí en donde tome conciencia de la puntualización que hace Ricoeur en tiempo y narración sobre la ponderación del documento sobre las esculturas en búsqueda de una objetividad ficticia. Es ahí en donde la experiencia estética me inunda en donde me pregunto cómo no quieren que la gente consuma los discursos nacionalistas, en donde las imágenes tienen más peso que un documento. Pues la proyección que se realizó sobre el palacio nacional, envueltos en el manto de estrellas pero además en una bóveda de luces artificiales, que generan un manto que cobijaba a los presentes bajo las gotas de lluvias, conmoviendo a los espectadores. Pues la proyección que se realiza, nos muestra un recorrido, por sucesos que si bien como historiador ponemos en duda o cuestionamos la pertinencia de lo narrado. al ver esa proyecciones en verdad te asombras por el uso de las imágenes, por la música, por esa construcción discursiva que emplea recursos estéticos para sustentar la importancia, literalmente el palacio nacional cobra vida en diferentes momentos de la representación artística, el protagonista es un coloso que creímos olvidado, pero que por medios gráficos y virtuales literalmente nos habla sobre su magnificencia, los detalles en una noche tan singular, hacen resaltar la belleza de la propia ciudad, de este laberinto que varios hemos negado y tachado de caótico. Nos queda ese recuerdo que en la noche se transforma que se gesta otra ciudad que no debemos dejar que se consuma por la mala interacción de los andantes por sus calles, sino que debemos albergar una espereza, no una esperanza demagógica, sino efectual, el deber de hacer venir lo mejor de nosotros y de este nuestro mapa de acción.Tal vez mi reflexión no sea histórica, pero creo que la búsqueda de nuevos campos de trabajo es en sí una trabajo de investigación histórica y muy ardua tarea de sobrevivir al fin de la historia, a un fin que es el que nosotros debemos de buscar para así poder renovar nuestra disciplina. Es por tanto, que ahí encuentro la importancia de mirar fuera de los parámetros tradicionales de acción, buscar en los medios gráficos y en otros campos la inmersión de la historia, pues así como estudiamos cualquier problema en el pasado, debemos de hacer lo mismo pero con nuestros problemas y uno de ellos es el laboral.

6 comentarios:

  1. Antes que nada, ¡que poético!
    Me gustó mucho lo que dices y estoy totalmente de acuerdo, tenemos que buscare nuevas formas de difusión y campos de trabajo. La imagen siempre ha sido una herramienta poderosa para llegar a las masas, como ocurrió en el zócalo en el festejo de la independencia. Creo que tenemos que hacer un esfuerzo para no encerrarnos en la academia, y alcanzar al publico.

    Mari Autrey

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  2. Esta reflexión, si bien no es histórica, sí es importante para el futuro del historiador, muestra la preocupación por la poca recepción que tienen los textos escritos de historia. No obstante, la única forma como se define la historia es mediante lo escrito. Todos al graduar tendremos que presentar una tesis escrita, la cual define nuestra condición de calidad de historiador. Sin embargo, estoy de acuerdo en la posibilidad de hacer fluir el discurso histórico en un vehículo diferente al escrito, lo más “aceptable” que he analizado es la novela histórica, después de un largo debate.
    Considero que la Historia es para los letrados, y su recepción siempre será para una elite, de alguna forma está monopolizada, como lo están todas las disciplinas, no están en el interés de las masas. Desde mi punto de vista, el interés primordial del historiador radica en cómo producir un texto escrito de historia, pues la academia institucional nos forma para ello. No obstante, comparto la idea de la reflexión, también se debe pensar en la forma de difundirla, para que alcance mayo recepción, con ello la historia seguirá teniendo un buen sostén económico.

    Lemuel Reyes Santos

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  3. Acerca de la reflexión de Horacio puedo decir que suena super bonito todo lo que dices, pero tú mismo en el texto lo mencionas, que el discurso histórico queda en duda, y yo te pregunto ¿Entonces porqué mejor no nos dedicamos al entretenimiento o a la política para poder tener esos efetcos sobre la gente? Estoy totalmente de acuerdo en que tenemos que abrir nuestro campo en cuanto a la DIFUSIÓN de la historía, sin embargo el HACER historia a mí gusto creo que queda en el texto y en nuestras manos; simplemente por las características que la misma disciplina nos impone. Lo que tenemos que tener presente, es eso: ¿Cómo difundir lo estudiado e investigado por nosotros? Para con nosotros será por medios textuales y narrativos mientras que para la sociedad tendremos que buscar cómo adecuar esos textos en una manera llamativa y cuestionarnos si en ese momento estamos haciendo historia o ya no.

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  4. Creo que el texto de Horacio me parece muy importante ya que nos pone un gran reto, el cual es generar conocimiento histórico mediante otro soporte que no sea el texto y creo que con toda la nueva tecnología, nosotros mismos nos tenemos que adaptar al cambio. Esto es de gran importancia ya que nuestra disciplina tiende a cerrarse y a producir textos que sólo serán leídos por los mismos historiadores, por lo que debemos de buscar diferentes maneras de difusión y de campos laborales.

    Si bien creo que ésta otra forma de hacer historia pueda dar conocimiento histórico(lo cual es muy importante) todavía no creo posible que en este medio visual se pueda ser capaz de producir un discurso histórico como tal ya que la narrativa es esencial para que este exista.

    No por esto dejo de apoyar la gran aportación que hizó Horacio, ya que estoy totalmente de acuerdo en buscar nuevas alternativas para la difusión histórica (por no decir historia).

    María José Velasco

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