domingo, 29 de noviembre de 2009

¿Es la memoria individual suficiente para definir nuestro pasado?

La memoria es un elemento clave para lo que cada uno de nosotros considera como su "historia de vida", después de todo, no podemos hablar de un pasado que no recordamos. Pero, ¿realmente armamos nuestra identidad histórica a partir y exclusivamente de nuestra memoria? Yo no lo creo.

Cada uno de nosotros se autoconoce y se asume como ser histórico no solamente en la medida de lo que recuerda por sí mismo, sino que también asume lo que otros dicen de uno. En otras palabras, nuestra auto-concepción también se da a partir de aquello que nosotros personalmente no podemos recordar por una ausencia de conciencia (durante la niñez, cuando estamos noqueados, etc.) pero que lo recordamos porque otros nos contaron lo sucedido o recuerdan momentos distintos a los que nosotros dentro de nosotros mismos no podemos recordar.

Una persona que sufre de amnesia, por ejemplo, no recuerda ciertas cosas de sí misma y de los demás, por lo que muy probablemente buscará la ayuda de otro. Este otro será un otro que se asume como alguien que conoce al amnesiáco y le tratará de ayudar contándole acerca de lo que sabe de él. Así, el enfermo se asumirá a sí mismo a partir de lo que le dicen los demás a la vez que él va armando su propia conciencia histórica a partir del momento que sí recuerda. No conozco a nadie (ni creo conocer nunca) a alguien que recuerde cómo era cuando tenía dos años de edad sin hacerlo a partir de lo que dicen otros que recuerdan del bebé en ese entonces.

¿Tú te asumes a partir de tu propio recuerdo de ti mismo o también a partir de los demás?

Una diferencia y un cambio.

Hace algunos días un compañero expuso un proyecto que estaba haciendo sobre la fotografía post-mortem a finales del siglo XIX, principios del siglo XX en México. Todo iba bien hasta que nos enseño algunas fotografías que había encontrado de algunos niños o señores muertos sentados en un retrato familiar. Fue ahí cuando me puse a pensar en las diferencias con el pasado.

Solo pensar que mis bisabuelos o tatarabuelos podían concebir la idea de tomarle una foto a un ser querido difunto, me pone los pelos de punta, pero por otro lado me hace ser conciente de que vivimos en realidades diferentes, y una parte de mi quiere respetarlo, pero a otra le parece inconcebible.

Es justo esto lo que les quiero compartir, por que creo que todos nos vamos a topar en algún momento con un simil de esto en nuestras investigaciones, o bien en nuestro trabajo como historiadores, y si creo que sea un reto el dejar a tras nuestras concepciones para poder buscar el por que de las otras, y poder acercarnos a este limite que nos separa.

De igual manera creo que este “sentimiento” se diferencia también puede hacer posible un trabajo histórico, pero debemos de estar concientes de lo que nos separa y saber que realmente nunca vamos a “comprender” al otro, y tomar en cuenta que nunca nos vamos a poder familiarizar con ello, ya que al hacerlo lo estaríamos haciendo mal, es decir podemos pensar que lo entendemos cuando en realidad estamos lejos de eso.

Los invito a reflexionar sobre esto, ya que muchas veces se dice sobre la historia que es como ponerse en los zapatos de otro, cuando en realidad cuando nos vamos a realmente sentir griegos, yo en lo personal lo creo absurdo e imposible, pero hay tantos otros que están convencidos de que por leer, estudiar o investigar sobre algo se ven inmersos en lo mismo, o bien que los entienden a la perfección y que saben lo que pensaba, por decir, María Antonieta.

Creo que nuestro trabajo como historiadores es enseñar más que la “historia” que conocíamos en primaria, ya que si esta fuera un poco más rica, en cuanto a lo que llamamos “teoría” la gente pensaría de otra forma.


Mari Autrey

domingo, 15 de noviembre de 2009

¿Puede el mito tener repercusiones en la manera en que se piensa el pasado??




Hoy, domingo 15 de noviembre, History Channel sacó un programa que me pareció muy interesante por lo que implica. El programa trataba acerca de un personaje que todos conocemos a través de Bram Stoker: El Conde Drácula.

Pero, ¿qué tiene que ver un personaje tan obviamente imaginario como Drácula, el vampiro, dentro de la historia? Muy simple: es el hecho de que Drácula, o mejor dicho Vlad Tepes, o sea, "Vlad el empalador" fue un personaje real. En efecto, fue príncipe de Velaquia (antiguo principado danubiano, que formó con Moldavia el reino de Rumania) que se opuso al imperio otomano. El nombre con el que lo conocemos, "Drácula" viene del vocablo draculea" que significa "hijo del diablo". Este nombre le fue dado por haber heredado la crueldad de su padre el Conde Dracul, cuyo nombre se traduce a "Diablo".

He aquí lo que me interesó del documental. El personaje de Drácula, el vampiro, fue creado a partir de la muy real y aparente cueldad del príncipe valaquí. El mito fue, según se cree, creado principalmente por los comerciantes de Transilvania que se opusieron al dominio del príncipe. Uno de los episodios que más representa la crueldad de Vlad fue que, al darse cuenta del riesgo que corrían las tropas otomanas al pasar por territorios valaquíes, se envió a mensajeros para convenserlo de aliarse con ellos, sin embargo, El Empalador no sólo se rehusó, sino que, aprovechándose de la tradición musulmana de usar turbantes y de no quitárselos por nada, mandó a que éstos les fueran clavados en la cabeza a cada uno de los mensajeros.

Sin duda alguna, la imagen que más representa la crueldad de Drácula es una imagen promovida por aquellos que se oponían a él, donde se le muestra comiendo frente a un "bosque de empalados" tras una victoria. Es muy probable que esta imagen sea la que posterormente se deforme en el mito vampiresco: un hombre transilvaniano, ricamente ataviado, viviendo en un enorme castillo fortificado en medio del bosque, bebiendo sangre humana.

En lo personal, creo que este caso, así como muchos otros, como el de Elizabeth Bathory, nos muestran como no podemos descartar mitos y leyendas como fuentes inútiles dentro del campo de la historia. Si bien tenemos por cierto que un mito es una narración ficticia, debemos recordar que muchas veces, el mito se deriva de una realidad trastornada por el tiempo, la oralidad, las tendencias, y que escondido bajo todo eso, podemos hallar pistas que nos ayuden a estudiar algo del pasado.



Por Sofia R. B.

jueves, 5 de noviembre de 2009

think outside the box

Si nuestra carrera supuestamente responde a una necesidad social, ¿Por qué escribimos para nuestros pares? ¿Por qué dejamos que la mayoría de la gente piense que la historia sigue siendo “maestra de vida”? ¿Por qué no justificamos nuestra profesión, y dejamos que la gente piensa que somos desplazables? No es raro que la gente menosprecie nuestra carrera, pensando que a lo único a lo que nos dedicamos es estudiar el pasado y relatarlo para que otros puedan aprender de el.

Y es que a la sociedad actual no le llama la atención la historia, o lo que cree que es la historia, encasillada en un imaginario de libros viejos, personajes y sucesos antiguos, rodeado de fechas y nombres que memorizar, en resumen una disciplina aburrida y anticuada. Pero esto es justamente una IMAGEN, y queda en nuestras manos, como nuevas generaciones de historiadores, en cambiarlo.

Para lograr esto debemos hacer lo que los publicistas llaman “think outside the box” (pensar fuera de la caja), desarrollando nuevos proyectos y maneras de darnos a conocer, o por otro lado simplemente posicionarnos en el mercado, sin cambiar nuestros línea de trabajo, pero sabiéndola vender, es decir, hacernos atrayentes al publico que busca algo más allá que una disciplina aburrida y una barnizada de cultura, y “crear un producto” irresistible para la masa.

Y es que en realidad quien quiere oír hablar de hazañas aburridas, dotadas de fechas sin sentido y las palabras rimbombantes que tanto nos gusta utilizar. La gente quiere algo que divierta, algo que les permita aprender sin dificultad y que los haga sentir mejor con ellos mismos, y seria nuestro trabajo que al mismo tiempo les metamos el gusano de la curiosidad y la reflexion.

Los historiadores tenemos un método y técnicas para hacer una historia, pero muchas veces pecamos de arrogantes. El pensamiento “por que rebajarnos” siempre surge cuando se habla de transmitir una “nueva” historia a la gente “común” (por no decir ignorante), pero ¿qué acaso no nos fundamentamos en una necesidad social? ¿Por que los menospreciamos a ellos (a la “gran masa”)? ¿por qué se nos hace tan difícil crear algo digerible? en lo personal pienso que esta arrogancia y soberbia es lo que lleva a la gente en general a pensar que somos desplazables, ya que rara vez se ve una historia “viva” y funcionando dentro de la sociedad, por lo que la gente opina que el estudiar historia es un oficio de escritorio para “cuando me jubile”.

Es por eso que debemos REINVENTARNOS, como dicen en marketing, posicionarnos en un mercado y hacer que nos necesiten. Propongo (como ideas al aire), juegos de video más “históricos” (Lara Croft podría buscar, el penacho de Moctezuma, o cosas así, en vez de espadas del inframundo.), hacer clips turísticos para la televisión enfocados en ecología y sustentabilidad (temas sumamente populares actualmente) en Mesoamrica cosa que se lograría fácilmente ya que la mayor parte de las zonas arqueológicas están rodeadas de parques ecológicos.

Piénsenlo, ¿Por qué no hacerlo? Podríamos regresar la disciplina de historia al mapa de los futuros estudiantes, y hacernos respetar en la sociedad.


Mari Autrey

sábado, 31 de octubre de 2009

Reflexionando mi proyecto de investigación

María José Velasco

Durante todo este tiempo que he estado trabajando en mi proyecto de investigación histórica, me he encontrado con varios problemas que me han hecho reflexionar bastante y me gustaría compartirlos con ustedes.
Tras haber platicado en clase sobre mi proyecto, yo comentaba que estaba muy confundida sobre qué hacer. Mi principal inquietud era que Inglaterra era un país que me llamaba la atención pero no sabía si era la cultura, la educación etc.. Entonces la maestra Priscila me comentó varias opciones por las que yo me podía conducir, y la que más me llamo la atención fue investigar cómo se fue conformando el “english gentleman”, es decir, cómo a lo largo de la historia se fue construyendo el ideal de comportamiento de un hombre noble inglés.
Al tener ya mi idea clara comencé a tener problemas ya que el tema era muy amplio. Mi deseo era abarcar desde la Edad Media hasta la época victoriana o también hasta la época actual, es decir ver la transformación de cómo un caballero medieval que era visto como guerrero, se transformó en un hombre se buenos modales.
Después de consultar varios libros que me servían me di cuenta que mi investigación tomaría mucho tiempo y jamás estaría perfectamente completa por el poco tiempo.
Entonces me pregunte ¿qué época sería más importante trabajar? Y decidí que la época medieval me daba las mejores bases. Pero para mi mala suerte encontré un libro que hablaba de justo lo que yo quería investigar, incluso abarcaba todas la épocas.
En ese momento me pregunte ¿Y ahora que hago?, entonces pensé en cambiar la pregunta pero ¿Hacia dónde?.
Finalmente no sé exactamente qué hacer aunque creo que sería interesante hacer algo parecido pero en México.
Para terminar me gustaría decir que creo que es importante exponer el procedimiento que se requiere en una investigación ya que se van generando pequeños problemas que hacen que nuestras preguntas iniciales vayan cambiando y en el camino nuestro objetivo inicial vaya tomado diferentes caminos.

miércoles, 28 de octubre de 2009

la huella no es huella. hasta que se le nombra como tal.



En torno al nombramiento de la huella como tal. coloco el video, como autoridad de mi discurso, pues tal vez como contemporáneos no logramos captar la magnitud de la virtualidad proyectada hacia lo desconocido que en este caso es el futuro. Tal vez, el sentido de la huella que deja el pasado en su futuro no colma la significación del contenido, puede ser también que se sobre significa al documento al interior del discurso histórico, ya dice bien el canon, el texto siempre dice más de lo que dice, tal vez es esa la condición que hace plausible nuestra investigación histórica.

Tal vez el documente abre los ojos con el suave ritmo que hay en sus pestañas, tratando de mostrar unos ojos que nos recuerdan oleajes de vidas pasadas, de versos distintos y de gente que ha pasado y pisado este mundo.

Nadie, se llama el bolero, nadie puede inspirar lo que tu inspiras[...] nadie puede mirar como tú miras y nadie besara como tu besas. El deseo hacia lo inaccesible, a lo negado o lo imposible hace que escribamos que citemos que añoremos. Esa búsqueda incesante de un otro que sirva de empuje para poder identificar los conflictos presentes y vivientes, que se convierten en hirientes y se busca la cura escribiendo, poetizando y redactado cartas sin destinatario, poemas en prosa y narraciones en verso.

Bueno, para concluir espero que no sea tan mal juzgada mi entra, pero me apego al discurso de la diferencia, la intención de nuevas aperturas, la búsqueda de nuevas formas de representación o mejor dicho de la nueva utilización del lenguaje en la manera de redactar lo que se le llama una idea y desarrollar y problematizar.

Atte. Horacio René.

domingo, 25 de octubre de 2009

Una reflexión musical

Mientras escuchaba una canción llamada Alone de Pearl Jam y Alice in Chains, me llamó la atención la siguiente frase de la canción: "She told me I was living in the past, drinking from a broken glass" y al pensar en ella me llevó a pensar en el historiador y su objeto de estudio.

Es muy común que una persona le diga a la otra estás viviendo en el pasado, pero si nos ponemos a pensar acerca de eso es algo imposible. El pasado; como nos lo han enseñado, lo hemos leído, criticado, analizado e interiorizado; es un otro, una diferencia, inalcanzable tanto por nuestro tiempo y espacio, como nuestra propia corporeidad; estamos limitados. Por lo tanto la siguiente parte de la frase "drinking from a broken glass" me lleva a pensar que si nosotros como historiadores tratamos de alcanzar el pasado, explicarlo tal cual; estaremos haciendo lo que sucede cuando se toma de un vaso roto; ya sea lastimarnos (no respetar nuestro presente ni el pasado) o dejando chorrear todo el líquido que se encontraba en el vaso (dejar escapar esa diferencia y no darnos cuenta de que ésta es la que vale para el estudio e investigación en nuestra disciplina).

Esta metáfora también se puede adecuar a la cuestión del soporte y válidez de nuestra investigación histórica. El vaso es ese soporte y si el acercamiento al objeto de estudio se hace con intenciones de aprehender la realidad de lo que fue o de cierta forma que sea incongruente con el marco institucional al que el historiador está sujeto, el vaso se rompe y la investigación queda pobremente argumentada ya que las partes significativas se caen por las grietas.

Por lo tanto lo que puedo decir es que para poder formar un discruso histórico a doc a lo que nuestra disciplina exije, uno de los puntos que tenemos que tener muy presentes es este mismo.

Jaqueline Gesund K.

Trabajo de investigación

A partir de mi investigación presente, expondré los procedimientos por los que he pasado al intentar elegir mi tema de investigación. Primeramente, debo aclarar que mi problema con la historia es el de mi identidad, es decir, cómo se conforma la identidad del mexicano y en concreto la mía, por lo que me hice las siguientes preguntas: ¿a qué tradición pertenezco? ¿A qué me refiero cuando digo que soy mexicana? ¿Cómo se conformó esa identidad?...

Comencé con una investigación (no elegida por mí, sino, como un trabajo) que se titulaba: ¿Los libros generan revoluciones? En dicha investigación me enfoqué a buscar que libros eran leídos antes de la Independencia de México, de la Revolución Mexicana y de la Revolución Francesa. Inicialmente, busqué a los principales personajes de dichos acontecimientos. Sin embargo, en sus biografías, los libros que habían leído no era un tema relevante. Dicha complicación, me hizo cambiar mi estrategia de investigación, por lo que busqué fuentes que hablaran sobre los libros que se editaban en la época. En ésta etapa de la investigación fue muy importante recurrir a profesores especializados o familiarizados con el tema para que me recomendaran libros para consultar, lo cual me ayudó a delimitar mis fuentes.

Una vez realizada la lista de libros, periódicos y panfletos leídos antes de dichos acontecimientos, inicié la búsqueda por reconstruir los círculos de lectores de la época. Este tema en particular me llamó mucho la atención, pues en el caso de México, las élites culturales, eran las que se encontraban más atentas a las publicaciones europeas y eran las que generaban las publicaciones en la Nueva España. Asimismo, encontré que a partir de este boom editorial, se generaron nuevas formas de sociabilidad como el salón y la tertulia, lo que me hizo pensar: ¿cómo las ideas europeas, en específico, las ideas ilustradas fueron recibidas en la Nueva España? Y ¿cómo estás ideas influyeron para generar una identidad nacional, después de la Independencia?

Terminé la primera investigación, no obstante seguí investigando sobre la Ilustración en la Nueva España y en el México independiente, lo cual me llevó a un autor: Joaquín Fernández de Lizardi, quién va a ser el iniciador de la novela en México. Este autor y sus publicaciones, me llevaron a otras preguntas: ¿Cuál era el papel de la novela en los primeros años de la vida independiente? ¿Cuáles eran los fines de la novela? ¿Existía ya la novela histórica? Dichas preguntas me llevaron a preguntarle al doctor Alfonso Mendiola, si conocía algún trabajo o libro que estudiara el uso de las novelas en el siglo XIX, y me recomendó el libro de Alejandro Araujo Pardo: Usos de la novela histórica del siglo XIX mexicano: una lectura historiográfica, dicho libro aclaró mis dudas sobre el papel de la novela y la novela histórica en el siglo XIX, y me di cuenta de que la novela histórica de ese tiempo tuvo un papel fundamental en la creación de una identidad nacional, debido a que en el pacto de lectura: autor-lector, el texto solicita que se tome como verdad histórica lo dicho del pasado. Esto me indujo a investigar sobre el contenido de la novela histórica de Riva Palacio y cómo éstas influyeron en el imaginario nacional para generar una identidad.

Dicha disertación tiene el objetivo de mostrar cómo de una pregunta inicial fue derivando en otra serie de preguntas, para terminar en este caso, en el estudio de la novela histórica. No obstante, mi pregunta “personal” por así decirlo, se encuentra en todo momento en la investigación, ¿la búsqueda por mi identidad?, lo cual hace que siga motivada para investigar y problematizar dicha situación. Asimismo, creo que es importante que en la investigación se recurra a profesores que conozcan del tema, pues muchas veces las preguntas que nos hacemos son simplemente porque no se sabe que ya se escribió sobre eso.

Pili de la Llata

lunes, 12 de octubre de 2009

la imagen, una opción olvidada.

Esta reflexión no se trata sobre la condición de posibilidad ni la pertinencia de la historia como discurso formador de conciencia ni nada tan teórico ni tan profundo, sino que se trata sobre un campo de trabajo que ha existido desde la invención del kinetoscopio, la imagen como documento y su uso, las imágenes proyectadas sobre superficies ajenas a papeles y tinta. En este sentido me gustaría recordar un evento que sucedió la fecha de 15 de septiembre y los tres días posteriores, me refiero a la proyección de imágenes sobre la arquitectura y la estampa del palacio nacional. Es ahí en donde tome conciencia de la puntualización que hace Ricoeur en tiempo y narración sobre la ponderación del documento sobre las esculturas en búsqueda de una objetividad ficticia. Es ahí en donde la experiencia estética me inunda en donde me pregunto cómo no quieren que la gente consuma los discursos nacionalistas, en donde las imágenes tienen más peso que un documento. Pues la proyección que se realizó sobre el palacio nacional, envueltos en el manto de estrellas pero además en una bóveda de luces artificiales, que generan un manto que cobijaba a los presentes bajo las gotas de lluvias, conmoviendo a los espectadores. Pues la proyección que se realiza, nos muestra un recorrido, por sucesos que si bien como historiador ponemos en duda o cuestionamos la pertinencia de lo narrado. al ver esa proyecciones en verdad te asombras por el uso de las imágenes, por la música, por esa construcción discursiva que emplea recursos estéticos para sustentar la importancia, literalmente el palacio nacional cobra vida en diferentes momentos de la representación artística, el protagonista es un coloso que creímos olvidado, pero que por medios gráficos y virtuales literalmente nos habla sobre su magnificencia, los detalles en una noche tan singular, hacen resaltar la belleza de la propia ciudad, de este laberinto que varios hemos negado y tachado de caótico. Nos queda ese recuerdo que en la noche se transforma que se gesta otra ciudad que no debemos dejar que se consuma por la mala interacción de los andantes por sus calles, sino que debemos albergar una espereza, no una esperanza demagógica, sino efectual, el deber de hacer venir lo mejor de nosotros y de este nuestro mapa de acción.Tal vez mi reflexión no sea histórica, pero creo que la búsqueda de nuevos campos de trabajo es en sí una trabajo de investigación histórica y muy ardua tarea de sobrevivir al fin de la historia, a un fin que es el que nosotros debemos de buscar para así poder renovar nuestra disciplina. Es por tanto, que ahí encuentro la importancia de mirar fuera de los parámetros tradicionales de acción, buscar en los medios gráficos y en otros campos la inmersión de la historia, pues así como estudiamos cualquier problema en el pasado, debemos de hacer lo mismo pero con nuestros problemas y uno de ellos es el laboral.

domingo, 11 de octubre de 2009

¿La noción de realidad histórica es más fuerte hoy?

Para poder responder esta pregunta, se necesita reflexionar sobre la tradición académica en la que se ubica la historia como disciplina, en la cual como estudiantes de historia de la Iberoamericana, nos encontramos inmersos.
Puedo decir que dicha disciplina exige trazar un marco teórico mediante el cual se interpretará el objeto de estudio, el cual delimitará el lugar desde donde ha sido producido nuestro discurso histórico. Por tanto, el marco será la forma de trazar los límites y condiciones de la observación que se realizará, así como la posibilidad de fundamentar de manera argumentativa el conocimiento que se pretende producir.
Asimismo, se debe tener en cuenta que en la discusión actual, el lenguaje ha provocado un cambio en la manera en que comprendemos los procedimientos cognoscitivos, esto es el impacto del “giro lingüístico” en nuestra disciplina. Lo que implica el reconocimiento de que todo resto del pasado, se encuentra inscrito en una red de sistemas de significación que ya no son los que actualmente utilizamos, por lo que debemos de expandir nuestros horizontes de expectativas para lograr leer y comprender un texto del pasado, así como estar conscientes de que el resultado de nuestra investigación será histórico, debido a que en la actualidad es imposible olvidar que el historiador es tan histórico como su objeto de estudio y por tanto, no puede salir de su situación para generar un punto de vista más elevado, lo que nos habla de nuestra práctica como el producto de un sujeto situado en un presente inmerso en un contexto social, cultural y lingüístico. Por lo que se puede concluir que la noción de realidad histórica si es más fuerte, puesto que se observa cada vez más una historiografía más reflexiva, sin embargo, debemos considerar si en realidad es una tendencia en la historia, que se vaya a aplicar para la construcción de discursos históricos o se quedará en un pequeño círculo de historiadores…
Termino con una cita del historiador Roger Chartier:

El punto de partida de la reflexión se encuentra en la voluntad de romper con la actitud espontánea que supone que todos los textos, todas las obras, todos los géneros, fueron leídos, identificados y recibidos según los criterios que caracterizan nuestra propia relación con lo escrito. Se trata, por ende, de identificar histórica y morfológicamente las diferentes modalidades de la inscripción y de la transmisión de los discursos.

Chartier, Roger. Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna, Madrid, Alianza, 1993.

Pilar de la Llata

sábado, 10 de octubre de 2009

Producir historia depende de los modelos de inteligibilidad de sentido del presente, los cuales son inestables, no abarcan el pleno sentido del pasado

Para la historiografía actual, el pasado no existe sin el sentido lógico que lo hizo nacer, visible, pensable en el presente. La diferente forma de vida que muestra el pasado ante el presente, sólo es posible por medio de la operación que se realiza al aplicar los modelos, constituidos en el presente a ese mundo. El pasado no es algo que nos den los documentos, sino el resultado de aplicar en estos los modelos formales de sentido. El pasado no existe sin los modelos de inteligibilidad del presente.
Los modelos de inteligibilidad del presente sobre el pasado son unidad de una diferencia, uno no existe sin los otros. Sólo hay pasado porque se construye como límite del sentido que pude ofrecer el modelo. Cuando la historia se da cuenta que ella produce descripciones del pasado (al observarse así misma) como sistema alcanzó su cierre cognitivo. Debido a ésta autobservación, la historia se mueve en dos registros de lo real: el que privilegia la reconstrucción de lo ya sucedido, al cual se vincula más la forma narrativa, y el que se le asigna la forma argumentativa. La ciencia histórica se hace desde la inestabilidad de ambos registros de lo real. Ella debe asumir que el pasado que narra sólo existe gracias a los modelos de inteligibilidad del presente y estos se topan con la imposibilidad de dotar de sentido pleno a ese pasado.
Si algo falsea la historia no son los hechos del pasado, sino los modelos constituidos en la sociedad del presente. La historia como saber nos revela los límites de nuestra propia producción de sentido, esto es, la contingencia de nuestra sociedad. Según el autor, la realidad es una frontera, ya que es el resultado de la aplicación de un modelo, surge en la práctica historiográfica, no como lo pensado sino como el límite de lo pensable. La historia actual al situarse en los límites de lo comprensible, revela lo aún no pensable la historia como heterología o estudio de la otredad.
El procedimiento autorreferencial de la historia provoca inseguridades, pero estás no se resolverán (porque ya no es posible) con reinvenciones de lo absoluto). El resultado de la investigación histórica es la negación, esto es, eso no era como es hoy. La historia actual es un mecanismo de control de nuestras formas de pensar.


Alfonso Mendiola, “La inestabilidad de lo real en la ciencia de la historia: ¿argumentativa y/o narrativa?”, en Historia y grafía, México, UIA, núm. 24, 2005.

Lemuel Reyes Santos

Reflexión en torno a narración e interpretación

Las narraciones históricas son interpretaciones, los términos narración histórica e interpretación son mejores pistas para comprender la historiografía que los términos descripción y explicación. El pasado no es un texto que deba traducirse a la historiografía narrativa; debe interpretarse. Las interpretaciones narrativas no tienen una naturaleza secuencial, las narraciones históricas son sólo historias accidentales con un comienzo, un intermedio y un final.
La historiografía desarrolla interpretaciones narrativas de la realidad sociohistórica; es necesario distinguir entre investigación (una cuestión de hechos) y el escrito histórico (una cuestión de interpretación). La narrativa es el heredero moderno del historismo, reconoce que la tarea del historiador es esencialmente interpretativa, encontrar unidad en la diversidad. Las interpretaciones narrativas son tesis no hipótesis.
El lenguaje narrativo muestra el pasado en términos de lo que no se refiere o corresponde a partes o aspectos del pasado. La narrativa es un constructivismo no de lo que pudo haber sido el pasado, sino de las interpretaciones de la narrativa del pasado. Las interpretaciones narrativas no son conocimiento sino organizaciones de conocimiento. Las interpretaciones narrativas cruzan las fronteras conocidas entre el dominio de las cosas y el dominio del lenguaje, como lo hace la metáfora. Un análisis histórico sobre la crisis del siglo XVII no es un debate sobre el pasado real, sino sobre interpretaciones narrativas del pasado.
El discurso sobre el pasado está cubierto por una gruesa corteza que no se relaciona con el pasado en sí, sino con una interpretación histórica y el debate sobre interpretaciones históricas rivales. Si una interpretación narrativa no recibe cuestionamiento durante un periodo prolongado, todo mundo la acepta y se convierte en parte del lenguaje común (y pierde de este modo su naturaleza historiográfica) puede transformarse en la noción de una cosa. Una cosa en narrativa se transformó en realidad, así como la metáfora su expresión es otra cosa, la narración histórica muestra el pasado en términos de lo que no es el pasado, sino una interpretación narrativa. La narrativa interpretativa ya invadió nuestra realidad diaria.

Ankersmit, F.R. “I. Seis tesis sobre La filosofía narrativista de la historia”, en Historia y Tropología, México, FCE, 2004, pp. 71-90.

Lemuel Reyes Santos

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Para una historia moralizante?

El titulo se explica a sí mismo, y bien podría concluir con esa sola pregunta, siendo una reflexión valida en sí misma, mas ese no es el asunto. Esta interrogante, como lo es con cualquier otra que se jacte de tener validez reflexiva abre el camino hacia otras preguntas también. ¿Esto implica un simple retorno a una historia maestra de vida? ¿Mera retorica que tarde o temprano terminaría con un irónico desenlace en demagogia barata a servicio de instituciones más poderosas que sí mismas? ¿Implicaría también dejar por completo toda pretensión de verdad así como la han concebido nuestros antepasados modernos? ó ¿sería tan solo una síntesis de estilos a la Hegel?

Ejemplifiquemos: Tenemos un hecho histórico, La detonación de la bomba atómica en Hiroshima, el consecuente debate que se llevo a cabo en la administración norteamericana sobre la posible justificación de su uso y su validez diplomática (en este caso el hecho nos presenta otro problema más que no nos concierne por ahora - su cercanía temporal). Las implicaciones morales en este caso son claras, ya que dicho acontecimiento inauguro el inicio de la era atómica; el momento en el que, como colectividad humana, caímos en cuenta de nuestra terrible y grandiosa capacidad de destruirnos a nosotros mismos y a nuestro mundo.

A mi parecer, es entonces el momento en el que el historiador (al tratar este tema) debe armarse de valor y moralizar. ¿Pero como seria justificable llevar a cabo tal empresa sin caer en lo ya antes mencionado?
Alguna vez mientras tomaba clases de Teoría II la profesora nos hablo de como Ricouer defendía éticamente su postura narrativista, en el sentido de no querer caer en la construcción de una trama tan verosímil que pueda olvidar el hecho y parecer creíble. Nos decía: hay que respetar a nuestros muertos.
Es nuestra labor erigir monumentos al coraje de nuestros antepasados, de componer tiernos epitafios a su memoria.
En este sentido propongo a un historiador que sea más que un sacerdote, más que un simple aeda: un hombre de su época, comprometido con su época.

Así respondo al porque de la necesidad de una historia moralizante, el cómo se me escapa, y esa es la inevitable pregunta que quedara al aire, con esperanzas de que incite, aunque sea por breves momentos, a la reflexión.


- Jorge Fabian Orozco Villarreal

El cine y la Televisión, Una mina de oro sin explotar.

Uno de los dolores de cabeza más grandes para todos los que decidimos estudiar historia es la repetida pregunta ¿de que vas a vivir? Pensando que el campo del historiador no va mas allá que la investigación y escritura de libros o bien la docencia.

Pero, recientemente, con el creciente mercado del entretenimiento, un nuevo campo se ha ido expandiendo, el cual los historiadores no hemos aprovechado, la difusión, en medios como televisión, cine, teatro entre otros.

Si alguien duda que este no sea un campo rentable económicamente hablando, cabe echar un vistazo a las grandes películas del cine y sus rendimientos, tomemos ejemplos de películas como El gladiador (2000) que tan sólo en Estados Unidos recaudó $187, 705, 427 dólares y en el resto del mundo $269, 935, 000 dólares dejando un gran total de recaudación de $ 457, 640, 427 dólares.





Otro ejemplo más reciente tenemos Piratas del Caribe, la trilogía, la cual genero $654, 264,015 dólares con la primera y más de dos billones de dólares entre las tres mundialmente.





Como estas tenemos muchas más, como son La Duquesa ($ 43, 300,095 dolares)








10,000 a.C ($269, 784,201 dolares)





El Ultimo Samurai ($ 456, 758, 981dolares).


Más allá del rendimiento económico de estas películas debemos tomar en cuenta el publico que tienen, es decir se da una difusión a las grandes masas, lo que muchas veces, si no es que la mayoría, los libros de historia no lo hacen,

Por otro lado tenemos las series de televisión que de igual manera han captado la atención de millones de espectadores, con títulos como Roma, o Los Tudores, han llegado a más de 1.3 millones espectadores, según el Nielsen Rating Systems.

Ahora bien muchos pudieran pensar que algunas de las películas que mencione, y tal vez igualmente las series de televisión, no se puedan considerar históricas, ya que se desvían hacia la fantasía haciendo la película en su mayoría poco creíble, pero precisamente, con el esfuerzo y colaboración de un historiador respaldado por la institución, estas podrían ser mucho mejores, en cuanto a trama como contenido.

Dicho lo anterior les pregunto ¿Qué es mejor, no saber nada, o tener una idea fantasiosa de los hechos históricos? Acaso ¿no es mejor llegar a las grandes masas con una idea (película o serie) histórica atrayente, aunque no sea en todos sus aspectos cien por ciento “real”, a no aprovechar estos medios de difusión que en la actualidad podríamos explotar?

sábado, 26 de septiembre de 2009

Reflexión en torno a la oralidad y texto de historia

La oralidad es anterior a la escritura, la cual es un fijador posterior del habla. En el intercambio de palabras propio del habla no sólo los hablantes están presentes, también están la situación, el ambiente y el medio circunstancial del discurso. La referencia a la realidad puede ser mostrada alrededor de los hablantes, en el habla viva el sentido de lo real de lo que se dice se desplaza hacia la referencia real.

Cuando el texto escrito sustituye al habla no sucede lo mismo, la referencia con la realidad no es directa, está mediada por la escritura. Con un texto de historia la referencia directa a la realidad no existe, está interrumpida por la escritura. De la misma forma, es posible decir, que la verdad que presenta un texto de historia está mediada por la escritura. Los textos escritos sustituyen a la realidad circunstancial mostrada por el habla viva.

La idea de verdad histórica que propone un texto de historia está representada por la escritura, la cual, nos remite necesariamente a la lectura ¿Qué tipo de referencia presentan los textos escritos? La tarea de la lectura en el historiador lleva implícita la interpretación, consiste precisamente en buscar su referencia. Pues un texto de historia, está fuera de su mundo de expresión oral vivida, de su referencia de verdad y realidad original, pues es elaborado posterior a ésta.

El texto de historia sustituye a la realidad pasada del habla viva, no representa el mundo vivo al que alude, sino un cuasimundo de los textos o literatura. No obstante, la verdad en una civilización de la escritura puede tomarse tan completa y tan seria, pero no hay que olvidar la reflexión previa a la verdad oral-viva. Por la producción de un texto escrito de historia podemos hablar en el presente del mundo antiguo romano o griego. Sin embargo, presignificados por la escritura, ¿Crees que los textos históricos puedan tener algo de imaginario literario? ¿No crees que la inestabilidad de lo real es evidente en los textos de historia? ¿Se podrían decir que los textos de historia tienen apariencia de verdad, esto es, verosimilitud?
Lemuel Reyes Santos

domingo, 13 de septiembre de 2009

¿ A caso se puede encontrar alguna relevancia en la novela histórica?

A continuación presentaré una pequeña reflexión sobre la importancia de las novelas históricas ante la Historia a partir del texto de Gallo Fernández Covadonga y Carlos Mendiola "De veras o de novela" en donde ambos autores  marcan las distinciones entre la novela histórica e historiografía.

Me parece importante mencionar que en los últimos años, las personas se han dedicado a leer novelas históricas depositando su confianza en estas para saber datos curiosos sobre la Historia, y peor aun, muchas personas creen que al leer éstas saben lo que en “realidad” ha sucedido.  En primer lugar,  la novela histórica no pretende verosimilitud sino una creación ficticia a partir de algún suceso histórico o una época con el simple objetivo estilístico y  de aportar conocimiento literario, no por esto significa que no haya una verosimilitud en el texto; sin embargo ésta reside en lo ficticio, simplemente hace creíble el relato.

Cómo historiadores actuales ¿Cuál es la relevancia que le podemos otorgar a ese "montón" de relatos ficticios? a pesar de todo lo que he dicho anteriormente, la novela histórica me parece que si tiene una utilidad historiográfica. La novela histórica se concentra en lo que es relevante para la sociedad, y es así cómo los historiadores podemos encontrar lo trascendente para un contexto ya que intenta reflejar la vida cotidiana, en su texto, a partir de su propia vida cotidiana.

Ahora bien, por otra parte la novela histórica nos puede resultar cómo ayuda para entender la importancia de la narrativa en la Historia y la importancia de cómo es que los historiadores hacemos y acomodamos un relato para que sea comprensible.  Es de suma importancia que el historiador aprenda a narrar para así crear una comprensión de lo que se está tratando.

Finalmente  puedo decir que la importancia de la novela histórica dentro de la historiografía es casi nula en cuanto a conocimiento y fuente, pero, la novela histórica puede brindarnos un ejemplo de narración que los historiadores podemos utilizar sin dejar atrás nuestra argumentación. 


Bibliografía: GALLO FERNÁNDEZ Covadonga Y MENDIOLA Carlos. “ De veras o de novela. Un ensayo en la distinción novela histórica e historiografía” ,en  Historia y Grafía, México, UIA, núm. 15, 2000, pp. 97- 117 


Mariana Hernández Blanca

¿Qué es la Historia?

Buscando diferentes sitios de Internet referentes a debates, cuestionamientos, artículos, etc. sobre temas de Historia relevantes para la actualidad; me topé con el sitio Historia a Debate (www.h-debate.com), en el cual se exponen diferentes discusiones acerca de muchos temas, los cuales son realizados por académicos y estudiantes de Historia alrededor del mundo, más centrado en lugares de habla hispana. Al ir navegando por el sitio, investigando, leyendo; me llamó la atención un debate titulado ¿Qué es la Historia?

El debate construido por diferentes personas, se centra en las diferentes concepciones que se tienen acerca de lo que es la Historia. El primer comentario parte desde la definición de la obra de Edward Hallet Carr y de Collingwood, lo cual es lo que quiero rescatar para la reflexión de nuestra clase.
Me parece que la idea de que "toda Historia es Historia del pensamiento" es un recurso estupendo: como el historiador no puede conocer las realidades pasadas, que ya no existen, sólo puede acercarse por medio del pensamiento. El proceso de la cognición implica unos mecanismos que le sirven a Carr para afirmar que "toda Historia es contemporánea" y que "no existe Historia sin historiador". Pienso que se debe interpretar asi la propuesta de la comprensión histórica de Collingwood como una "re-enactement of past experience" (En su Idea de Historia). Por esto Collingwood define la Historia como "aquello que puede ser revivido en la mente del historiador" y revivir debee entenderse en el sentido de mediatizado.*

A partir de la cita anterior me ha llevado a pensar lo significativo que es nuestro papel como investigadores para la disciplina misma, ya que si nosotros como historiadores no planteamos tanto la forma de hacer historia cómo los temas a investigar, siguiendo la línea de Carr, la Historia no existiría. Lo cual me lleva a pensar que en un futuro cuando comencemos a ejercer tenemos que tener presente esta idea para así autorreflexionar sobre nuestro trabajo y encontrar lo significativo de éste.

Por otra parte se me hace relevante rescatar también lo dicho por Collingwood en cuestión de que tenemos que tener presente que, cuando estemos inmersos en una investigación o un trabajo histórico, la forma en que “traemos” al pasado al presente es por medio del pensamiento y se encuentra éste en nuestra mente, como dice Collingwood, y así mismo tener presentes el comentario que hace la autora del escrito en cuanto a lo mediatizado ya que tenemos que reconocer que no podemos conocer el pasado tal cual fue ; sino a partir de reconocerlo como una diferencia del presente y que al estar nosotros inscritos en el presente la única forma que podemos entenderlo es a partir de esa diferencia, esa mediatización. Sin embargo retomando la reflexión hecha por Sofía tenemos que tener cuidado en cuanto a no querer colonizar el pasado con lo conocido y cometer anacronismos.

Así que concluyendo puedo decir que para la creación de la Historia como disciplina lo fundamental es el historiador, él es quien da la importancia a lo sucedido y la da en cuanto a las necesidades de su presente, así poniendo un límite entre su presente y el pasado y es esto algunas de las cuestiones que tenemos que tener en mente cuando estemos construyendo nuestra investigación.

*Ana Llorach Asunción, “¿Qué es la Historia?”, consultado en www.h-debate.com, 13/09/09 2:39 p.m.

Jaqueline Gesund Kattán

domingo, 6 de septiembre de 2009

¿Globalizazión en el Imperio Romano?

Sofia Rivero-Borrell Suárez

Mientras estaba visitando a mi abuela, como suelo hacerlo todos los fines de semana, se me ocurrió hojear la colección de revistas National Geographic que mis abuelos han acumulado durante muchos años (creo que la edición más vieja era del 80 o algo así). Esto lo hice acordándome de una lectura que nuestra profesora de la materia de “Mesoamérica” nos dejó para la semana que viene, que trata acerca de los Olmecas. Al darnos la asignatura, nos recomendó buscar el artículo original porque las fotografías explicaban muchas cosas del artículo. Así me puse a buscar la edición de la revista National Geographic de noviembre de 1993 y, por mera curiosidad, saqué junto con ella otras ediciones que me parecieron interesantes. Tales ediciones fueron la de octubre de 2001, que contenía un artículo acerca de las tumbas imperiales en China, la de diciembre de 2000 que contenía un artículo acerca de los primeros americanos, y la última (la que leí) de julio de 1997, donde había un artículo acerca del imperio romano, el cual comencé a leer mientras los mayores disfrutaban de la sobremesa. Las cuatro revistas se las pedí prestadas a mi abuela para leerlas con más calma.

Al leer el artículo titulado “The Power and the Glory of the Roman Empire” escrito por T. R. Reid, me encontré con un párrafo que me pareció interesante. A continuación se encuentran dos versiones de éste, mi traducción del texto y el texto original en inglés.

“Por algunas décadas ahora los líderes de Europa han estado luchado por implementar un concepto revolucionario y muy controvertido: una única moneda europea.  Han caído gobiernos, han volado puños y  se han intercambiado amargas maldiciones en una variedad de lenguas romances y germánicas por esta idea visionaria. Tan explosivas son las políticas del propuesto Euro que algunos dicen que una nación de una acuñación para tantas gentes diferentes es un sueño imposible.

[…]

¿O lo es? Hubo un tiempo—medido no en décadas sino en siglos—cuando una sola moneda, un solo código de leyes […] dominó sobre una vasta franja del mundo Occidental […] Esto fue en imperio romano[…].”  (Traducción de la autora)

“For a couple of decades now the leaders of Europe have been struggling to implement a revolutionary and furiously controversial concept: a single European currency. Governments have fallen, fists have flown, and bitter curses have been exchanged in variety of Romance and Germanic languages over this visionary idea. So explosive are the politics of the proposed Euro that some say the nation of a single coinage for so many different peoples is an impossible dream.

[…]

Or is it? For there was a time—measured not in decades but in centuries—when a single currency, a single code of laws, […] held sway over a vast swath of the Western world […] This was the Roman Empire […].”***

Con esto, podría pensarse entonces que el autor ve el fenómeno de la globalización no como un fenómeno relativamente novedoso o actual, sino como un fenómeno muy antiguo que se dio hace ya muchos siglos, en el imperio romano.  Siguiendo al autor, me pareció interesante ver que, efectivamente hay una gran similitud entre la actual Unión Europea y el antiguo Imperio Romano y que este último podría considerarse mucho mayor en extensión que la primera.

Sin embargo, como historiadora, yo no aplicaría en término “globalización” a lo sucedido en los 85 kilómetros que llegaron a ser parte del inmenso imperio romano de siglos anteriores. Esto es por la carga que conlleva el término “globalización” en nuestros días. Dicho término se define, en el Diccionario de la Real Academia Española, como una “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. Dentro de esta definición se observan términos como “mercados”, “empresas” y “dimensión mundial” que no podrían ser válidos en el imperio romano, sobre todo porque estos conceptos no tienen la misma significación ahora que entonces. La “dimensión mundial” que ahora tenemos es muy distinta a la de los habitantes del antiguo imperio romano, cuyo “mundo” consistía en las tierras, hasta entonces conocidas, de Europa, Asia y el Norte de África. Nuestro “mundo”, en cambio, incluye cinco continentes (América, Europa, Asia, Oceanía y Antártica), así como océanos más extensos que el Mar Mediterráneo, alrededor del cual se desarrollaron las culturas conocidas en tiempos de la Pax Romana.

De esta manera, yo concluiría que la globalización no existe en el Imperio Romano, poniéndome en contra de lo que dice T. R. Reid en su artículo.

Y tú, ¿piensas que la globalización es válida en el imperio romano?   

Notas:

*** T. R. Reid, “The Power and the Glory of the Roman Empire” en National Geographic, Washington D. C., vol. 192, julio de 1997, No. 1, p. 5.

Bibliografía:

Reid, T. R. “The Power and the Glory of the Roman Empire” en National Geographic, Washington D. C., vol. 192, Julio de 1997, no. 1, pp. 5-41.

Diccionario de la Real Academia Española.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Qumrán: Los Manuscritos del Mar Muerto

María José Velasco García

De acuerdo al articulo “Qumrán: Los manuscritos del mar muerto” publicado por la revista Historia de la National Geographic, el autor Antonio Piñero, Catedrático de Filología griega de la Universidad Complutense de Madrid, nos plantea la hipótesis de la posibilidad de que Jesús haya pertenecido a los Esenios, antigua secta judía que data del siglo IV a.C. al siglo I de nuestra era.

Nos encontramos ante una secta mejor conocida por su absoluto y apegado respeto a la ley de Moisés y por el cumplimiento estricto de dichas prescripciones, tenían su propia liturgia apartada del judaísmo ortodoxo del Templo de Jerusalén, la cual los preparaba para el inminente fin del mundo, y fue precisamente por sus firmes creencias apocalípticas por lo que se caracterizaron, entre otras cosas también como el sentirse el verdadero Israel pueblo elegido por Dios, los únicos auténticamente puros entre los judíos, herederos directos de la estirpe del Rey David, y una profunda superioridad en donde los demás pueblos comparsas serian sometidos por ellos.

La relevancia de este tema se debe a la disyuntiva en la que se han visto los historiadores al encontrarse en el año de 1947 unos manuscritos en el mar muerto que podrían señalar a esta secta como el posible antecedente del origen del cristianismo, e incluso especular que importantes personajes de la religión como Jesús y Juan Bautista hayan pertenecido a ellos.

Tras la aparición y las primeras publicaciones de los manuscritos del mar muerto, los investigadores señalaron semejanzas entre la predicación de Juan Bautista y el pensamiento de los Esenios, tales como la practica del bautismo, la predicación de un fin inmediato de la sociedad de su tiempo seguido por un juicio divino posterior. Esto lo podemos observar en que ambos utilizaban un pasaje del libro de Isaías para justificar la venida inmediata del Juicio Divino.

Existen múltiples puntos dentro de las predicaciones de Jesús para pensar que, este formó parte de los Esenios, por ejemplo, un absoluto respeto por la ley mosaica, por el desprecio que sentía ante lo ostentoso por ser esto un obstáculo para alcanzar el Reino de Dios, la certeza de la reencarnación, por su firme creencia en el fin de los tiempo y el Juicio Final y por su enseñanza en los dos caminos presentes en la vida del hombre, el del Bien y el Mal.

Sin embargo, de acuerdo al autor, estas semejanzas no son suficientes para probar una parentesco entre ambos personajes y esta comunidad, en primer lugar, a pesar de que se habla del bautismo, se trata de uno totalmente diferente, mientras que en los manuscritos se habla de un rito en donde la persona se bautizaba por sí mismo y era además un acto continuo, para Juan este era una acto único y realizado por otra persona y no guardaban el mismo significado. Además Juan Bautista buscaba precisamente el contacto con los pecadores para convertirlos, algo prohibido para los Esenios, Jesús por su parte apoyaba también esta idea de un Dios no solo para los buenos sino para los malos también.

Además de que, según el autor, al consultar el Nuevo Testamento no obtuvo ninguna prueba de un conocimiento concreto sobre las reglas de esta comunidad, ni ningún otro tipo de literatura producida por los Esenios, de los cuales Juan Bautista o Jesús el Nazareno se hayan podido ver influenciados ya que se trata meramente de conceptos de una tradición profética de Israel.

Estas múltiples diferencia teológicas son sustanciales para concluir que en definitiva ni Jesús ni Juan Bautista formaron ni se influenciaron de ésta secta, a pesar de ser contemporáneos y compartir semejanzas, el cristianismo tomó un camino diferente con respecto a lo hallado a los manuscritos del mar muerto.

Para finalizar me pareció interesante la aportación de este artículo, por el exhaustivo trabajo de investigación por parte del autor, en donde destaca el uso recurrente a textos bíblicos, como pasajes y datos importantes sobre la vida cotidiana de ambos personajes, así como de textos y manuscritos para el conocimiento de comunidades contemporáneas a los mismos.


Bibliografía:
Piñero, Antonio. “Qumrán, Los manuscritos del mar muerto”, Historia National
Geographic (Barcelona), febrero de 2009, núm. 60, pp. 48-57.